"En cada recodo del camino habrá un maestro que enseñe, un soldado que defienda, un sacerdote que bautice."
Artículo publicado en octubre de 2006.
EL RACISMO MASISTA
Y LA FARSA DE LOS “ORIGINARIOS”
Parecería que en nuestros días hablar de razas o culturas sólo les está permitido a los indigenistas del MAS. Son ellos los únicos que sin temor a ser insultados o censurados pueden incorporar a sus análisis y discursos lo que consideran un secular problema cultural y racial en Bolivia. Sucede lo contrario cuando el que hace uso de estos conceptos es un K’ara, mestizo o “blancoide”, porque al hacerlo es inmediatamente tachado de racista.
Nosotros como parte de una organización que reúne a militantes venidos de todas las culturas de Bolivia sin exclusión y como históricos protectores de la integridad territorial de la Patria, queremos acabar con las tesis disociadoras y secesionistas cargadas de desprecio que procuran enfrentar y dividir nuestra sociedad ya no sólo con la lucha de clases sino también con la lucha de culturas.
Con este fin pretendemos establecer muy brevemente -por motivos obvios de espacio- los fundamentos sobre los que se asienta el racismo clásico para poder determinar quiénes son los verdaderos racistas y cómo discriminan.
Los racismos.
Ha sido a partir del siglo pasado con el ascenso de los Nacionalsocialistas al poder en Alemania que el racismo ha venido a ser un tema polémico del cual muy pocos se atreven a hablar. Este racismo que venimos a denominarlo “clásico”, tal como lo entendían los nazis, consiste en la supervivencia del más fuerte en desmedro del más débil, teoría desarrollada por Charles Darwin que sostenía que la “selección natural” operaba a favor del más fuerte. En otras palabras, esta teoría determinista, por lo tanto materialista, mantiene que en la naturaleza todos seguimos una misma línea evolutiva en la que unos estarían más adelante que otros, admitiendo la presencia de superiores e inferiores -tanto en lo biológico como en lo cultural- y que por ello habrían seres o especies destinadas al fracaso, a su desaparición, en la carrera por su adaptación. Estos criterios darwinianos –ya utilizados por los nazis- los vemos íntimamente ligados al concepto de sociedad sostenido por los masistas, que admite una cultura “superior”: la de los indígenas, y otra “inferior”: la de los occidentales. Lo curioso es que en la actualidad esta teoría darwiniana no sólo es usada por los izquierditas, como sucede con los masistas, sino también por los que manejan los destinos del capitalismo mundial. Al respecto, Richard Herrnstein, conocido ideólogo capitalista de la universidad de Harvard, sostiene que la “inferioridad” no sería casual, sino que estaría determinada por los genes y que además estos genes estarían siempre presentes en las clases obreras (R. J. Herrnstein, “IQ in the Meritocracy”). Algo paralelo a esto último sostienen las teorías indigenistas del MAS, pues dicen que toda persona por ser K’ara y pertenecer a la cultura occidental es “inferior”, como si el fracaso, la corrupción y la tendencia a la inmoralidad tuvieran orígenes genéticos o características raciales como el color de la piel. Mientras que pertenecer a un pueblo indígena significa formar parte de los “superiores”, como si su condición misma de indígenas los haría más sanos, morales y hasta más humanos.
Esta absurda tendencia masista que intenta demonizar al “hispanoamericano” comete un gravísimo error al sobrevalorar lo propio y subestimar lo ajeno.
Al respecto, Nietzsche ya invalidó esta absurda teoría Darwinista al sostener que: “Lo que mayormente me sorprende cuando lanzo una mirada sobre los grandes destinos de la humanidad es tener siempre ante los ojos lo contrario de lo que hoy Darwin y su escuela ven o quieren ver: la selección en favor de los más fuertes, de los mejor pertrechados, el progreso de la especie. Precisamente se palpa lo contrario: la supresión de los casos afortunados, la inutilidad de los tipos mejor conseguidos, la irremediable toma del poder de los tipos más medianos e, incluso, de los inferiores a la medida” [...] “los más fuertes y afortunados son débiles cuando tienen en contra sí los organizados instintos del rebaño, la cobardía de los débiles, de los superiores en número. Mi visión conjunta del mundo de los valores muestra que los valores superiores que hoy penden sobre la humanidad no otorgan la supremacía a los casos afortunados, a los tipos selectos, sino más bien a los tipos de la décadence.” Quede claro que tanto para Nietzsche como para nosotros es la idea de superioridad de uno respecto a otros la que se critica, pero no así la superioridad que cada uno debe perseguir al vencerse a sí mismo.
Cometen otro grueso error los masistas al pretender “la revancha”, como ellos la llaman. Ninguna política que busque la subyugación del uno por el otro es constructiva. El intentar prohibirle de sus derechos al hispanoamericano no será tarea fácil para los masistas y ojalá no tengan que esperar a ver correr ríos de sangre para darse cuenta.
Al respecto, nosotros sostenemos que toda raza y cultura es valiosa porque supone una forma de adaptación operativa y exitosa en la evolución de la especie humana y que esta diversidad cultural y vivencial debe ser mantenida no uniformada.
Por último, en nuestros días se habla con manifiesta ignorancia sobre el carácter “originario” de los indígenas. Nosotros lo revisamos a continuación.
El origen de los originarios.
Empezamos esta breve expedición teórica conociendo las diferentes acepciones del concepto de “origen” que dependen del contexto en que son empleadas.
Origen: del latín orïgo, inis, f.: origen; familia, linaje; ascendientes.
Origen: Principio.
Origen: Procedencia.
Origen: Motivo, causa moral de una cosa.
Origen: Etimología: el origen de una palabra.
Del mismo modo observaremos las acepciones del término “originario”.
Originario: Que da origen.
Originario: Que tiene su origen en un sitio.
Vemos que para el tema que nos ocupa los tres primeros significados de “origen” son los exactos. En el caso de “originario” vemos que el concepto más acertado es el segundo.
De todas estas interpretaciones podemos deducir lo siguiente:
En Bolivia todos –salvo raras excepciones- conocemos nuestro origen más inmediato que es nuestra familia, todos conocemos nuestro linaje, algunos hasta nuestros abuelos y otros con mayor suerte hasta sus bisabuelos o tatarabuelos. Lo que pocos conocen es la procedencia de su familia, es decir, son contadas las familias que poseen un estudio de su árbol genealógico que pueda darles referencias sobre sus antepasados hace 200 o 500 años atrás.
Si nos alejamos un poco más en el tiempo, unos 2000 o 40 000 años atrás, vemos que todo el mundo desconoce el principio u origen de su familia, pero no así de su pueblo o raza.
Pero si nos vamos aún más atrás, como 1 ó 3 millón de años por ejemplo, el desconocimiento es casi absoluto y su investigación es complicada y limitada. Es tan apasionante y necesario conocer este tema que su estudio se ha convertido en una ciencia. Quienes han venido estudiando la historia y cultura de estos pueblos e incluso el origen de la especie humana han sido los antropólogos y arqueólogos. Y es de sus estudios que nos ayudamos en este análisis.
Es bien sabido y está comprobado científicamente de que la “especie humana” no tiene su origen en el continente americano, siendo muy probable que sí lo tenga en lo que actualmente es el continente africano. Por lo tanto, según la acepción correcta del concepto de “originario” concluimos que la “especie humana” no es “originaria” de América, porque no tiene su origen en este continente. Por esta razón suena absurdo y acientífico escuchar decir en nuestros días que hay pueblos originarios de este territorio.
Todos estos pueblos que conforman la especie humana tuvieron un mismo origen en un mismo punto que como hemos dicho no fue América. Todos estos pueblos -por infinidad de razones- “migraron” desde su origen en busca de nuevos territorios para “conquistarlos”.
Estas migraciones son actualmente estudiadas por las ciencias anteriormente mencionadas. Gracias a ellas sabemos que América estuvo despoblada en un principio, es decir, sin seres humanos y que estos migraron a América en por lo menos unas 10 oleadas.
Existen diferentes teorías acerca de cómo migraron estos pueblos hasta América. La más conocida es la que sustenta que los mongoles cruzaron hacia este continente aprovechando que el estrecho de Bering se hallaba congelado. Pero los grandes científicos en la actualidad nos dicen que no es tan simple.
Se dice que de las aproximadamente 10 oleadas al menos 3 habrían sido vía marítima, algo revolucionario en nuestros días. Y más aún al saber de que la llegada de los españoles constituiría la undécima oleada.
Pero existe aún algo más curioso y polémico, ya que se ha descubierto que dichas oleadas estuvieron conformadas por distintas razas. Este hecho hace de que la denominación genérica de “indio” que se utiliza para identificar a los que poseen piel morena en América como a miembros de un mismo pueblo con un mismo origen sea errada, ya que los denominados indios tienen múltiples orígenes, en otras palabras, no son un grupo homogéneo. Hay quienes están emparentados con los Aino del Japón, otros con los Amur de Siberia e incluso un gran científico argentino declaró que las razas de los valles centrales de Bolivia son descendientes de migrantes del Mediterráneo e Indonesia, que llegaron por vía marítima hace unos 3000 años A.C. En cambio, la teoría más aceptada sobre el origen de los aymaras sostiene que provienen de la raza mongoloide.
Más interesante aún resulta saber que antes de la llegada de los españoles ya hubo pueblos que conquistaron a otros o que los desplazaron de sus territorios. Sobre este tema hay científicos que hasta sostienen que algunos de los pueblos “indígenas” existentes habrían exterminado a otros en su carrera por conquistar más territorios y subyugar a más poblaciones. Para tal aseveración estos científicos han estudiado el caso de los Negritoides-Pigmoides que viven en el extremo sur de nuestro continente y que habrían sido los primeros migrantes y ocupantes de América. Según se dice estos habrían sido desplazados hasta ese extremo sur por el atropello de las subsiguientes migraciones. Por lo tanto, los españoles no fueron los primeros ni –quizás- los más abusivos conquistadores. Es probable que en el pasado hayan existido pueblos genocidas y que sus descendientes estén presentes hoy en día.
Deriva de lo anterior la idea de que en Bolivia no existen pueblos ni razas originarias como algunos intentan hacernos creer y que toda pretensión por atribuirse privilegios a causa de ello constituye una estafa, una burla. Lo único cierto es que los bolivianos somos originarios de Bolivia por nacimiento, por haber nacido en este territorio, sin distinciones de clase, sexo, raza, religión, idioma, costumbres, tradiciones, cultura, origen social o de cualquier otra índole. Y ninguno es superior o inferior a otro, sino simplemente distinto.